Lectura y Análisis Documental:del texto impreso al texto electrónico.


Por: Graciela Leticia Raya Alonso.

RESUMEN.


Se realiza una reflexión en torno a la lectura y su importancia para realizar el análisis documental ante un universo de información cada vez más complejo, en el que se entremezclan los manuscritos, los impresos, los documentos electrónicos y las imágenes digitales. Se evidencia la sobreabundancia de información que se puede incorporar y a la que se puede acceder a través de la Internet y su impacto en el ámbito jurídico, del lenguaje y de las competencias lectoras.


PALABRAS CLAVE.


Lectura, Análisis documental, documentos electrónicos, lectores.





INTRODUCCIÓN.


Esta reflexión parte de la idea de conjuntar dos temas de la bibliotecología que generalmente se analizan por separado: la Lectura y el Análisis Documental. Separación del conocimiento que obedece a razones didácticas y responde a un sistema de organización del conocimiento (y, en general, a un modelo educativo), pero que no excluye la necesidad de que cada uno de nosotros reestablezca los nexos existentes entre ambas prácticas. Sobre todo en esta “nueva etapa” de transmisión y digitalización de textos que, indudablemente, está generando una nueva forma de lectura, la llamada “lectura virtual”.
No sólo eso, la sobreabundancia de documentos distribuidos a través de la red genera nuevos formatos de escritura, lo que a su vez demanda nuevas habilidades de lectura y de análisis de documentos: “los textos electrónicos que incorporan hiperenlaces e hipermedia, presentan algunas complicaciones en la definición de comprensión, porque requieren habilidades y destrezas que van mas allá de las que se requieren para la comprensión del texto impreso lineal convencional.”[1] Los textos electrónicos, en general, mantienen las características básicas de un impreso, pero al ser difundidos a través de la red ofrece nuevos formatos y nuevas formas de interactuar con la información, lo que lleva a replantearnos cómo leer y cómo analizar dicha información tanto para ponerla a disposición de los usuarios, como para realizar el análisis de contenido de la misma.
I. Análisis Documental y Lectura, una estrecha relación.Partamos de una pregunta aparentemente simple: ¿Cómo podemos relacionar el análisis documental con la lectura? Para responder a esta pregunta considero oportuno comenzar por definir ambos términos.
El análisis documental, en general, es el proceso mediante el cual se describe un documento en sus partes esenciales para su posterior identificación y recuperación. El análisis abarca tanto la identificación externa o descripción física del documento a través de sus elementos formales (autor, título, editorial, nombre de revista, año de publicación, etc.), como la descripción conceptual de su contenido o temática, realizada a través de los lenguajes de indización, como palabras clave o descriptores del tesauro.[2]
Por otra parte, la lectura puede definirse como el proceso de aprehensión de algún tipo de información almacenada en un soporte y transmitida mediante ciertos códigos, como el lenguaje. Dicho código puede ser visual (por ejemplo: imágenes, pictogramas y/o notación), auditivo e incluso táctil (sistema Braille). Eric Jamet[3] considera que la lectura es una actividad cognoscitiva que involucra estrechamente a la escritura. Su visión de la lectura es integral, por lo tanto hace referencia a una memoria semántica (que nos permite “extraer sentido a las palabras” independientemente de la identificación de los datos ortográficos y fonológicos) y un léxico fonológico (que nos hace pronunciar correctamente las palabras) que interactúan durante la lectura, sea en voz alta o en silencio. La lectura implica la automatización de la percepción visual de la escritura y la integración entre el significado expresado en el texto y el conocimiento previo del sujeto.[4]
A partir de estas definiciones la relación Análisis Documental-Lectura parece, ante todo, meramente instrumental. Su complejidad se comienza a develar cuando consideramos los cambios que ha provocado la incursión de un universo virtual que convive (más que competir) con el universo impreso de la información. El desafío consiste en desarrollar las capacidades del analista documental para realizar una lectura más profunda que le permita organizar la información, de tal manera que el usuario pueda acceder a dicha información y manipularla con libertad y facilidad. Lo que involucra realizar una serie de cambios tanto de tipo normativo (procesos técnicos de clasificación y catalogación), como culturales. Y esto implica comprender las prácticas de la lectura (impresa y virtual) para proporcionar a los usuarios lo que ellos buscan en la biblioteca (y a través de otros medios): información, pero también para saber cómo la Internet y la World Wide Web están transformando las prácticas de la lectura de los usuarios. Ante esta perspectiva la relación Análisis Documental y Lectura se torna complementaria.


II. En busca de un lenguaje universal.Hablar de las “nuevas” tecnologías y su impacto en las diversas prácticas del campo bibliotecológico implica, necesariamente, evaluar las ventajas y las desventajas. Impresionados por los beneficios suele verse a los detractores de la tecnología como aves de mal agüero, empero las suspicacias que provocan las innovaciones tecnológicas no es un tema nuevo, por ejemplo la aparición de la imprenta provoco una revolución tecnológica y social.[5] Tratándose de información, la incorporación de hardware y software ha permitido el manejo más eficaz de la misma, pero después del primer asombro se han tenido que afrontar una serie de problemas que se relacionan tanto con cuestiones de capacitación del personal (y usuarios) que hará uso de los nuevos sistemas y programas (catálogos, bases y recursos), como con el problema de la rápida obsolescencia tecnológica y la necesidad de migrar la información a nuevos soportes o formatos (que involucra otra serie de problemas). Pero hay otro aspecto que tenemos que considerar y éste tiene que ver con el lenguaje, que afecta el espacio bibliotecológico desde una perspectiva técnica y práctica y que parece pertenecer al cibernauta. Situación que ha dado lugar a una serie de estudios en torno a cómo la producción de textos basados en las nuevas tecnologías están generando un nuevo lenguaje que hace uso de signos, símbolos, imágenes, palabras y sonidos.
El problema del lenguaje no es un problema nuevo, la necesidad de crear un lenguaje universal ha sido estudiado desde diferentes ángulos, entre ellos el de la literatura. Roger Chartier, historiador y especialista en historia del libro, realiza una interesante reflexión acerca de los lenguajes, los libros y la lectura en el entorno digital a partir de dos cuentos de Jorge Luis Borges: “El Congreso” y “Utopía de un hombre que está cansado”.[6] El primer cuento plantea la imposibilidad de inventar un lenguaje universal porque el universo, en sí mismo, es diverso; no existe un idioma único ni una cultura única, cada uno de nosotros constituimos nuestro propio y diferente universo. El segundo cuento le sirve para recordarnos que la utopía de un mundo sin diferencias, sin desigualdades, sin pasado, sería semejante a la muerte.
Asimismo, los cuentos de Borges le sirven para hacer hincapié en la búsqueda de un lenguaje universal capaz de formalizar las operaciones cognitivas y de razonamiento lógico, mismo que se podría escribir con signos convencionales, símbolos, gráficos, tablas (métodos técnicos) que permitirían la transcripción formal de las relaciones entre los objetos y las operaciones para conocerlos (técnicamente podríamos hablar de la clasificación y la catalogación). Este lenguaje universal fue en el pasado: el latín y hoy en día: la comunicación electrónica; lenguaje que convive a su vez con otros dos: lenguaje artificial y lenguaje formal.
Un lenguaje artificial permite tener un vocabulario y sintaxis única, al reducir el léxico, simplificar la gramática, inventar palabras y multiplicar las abreviaturas. Dicho lenguaje artificial, según Chartier, es el inglés de la comunicación electrónica. Por otra parte, considera al texto electrónico como lenguaje formal, que puede definirse como el conjunto de signos pictográficos descifrables por todos sin importar el idioma que se habla o escribe. Dentro de este lenguaje se encuentran los “emoticones”, que reflejan la búsqueda, dentro de la lengua escrita en la pantalla, de un lenguaje no verbal que permite la comunicación de emociones sin ambigüedades; puede establecer el registro semántico en el que debe ser entendido el discurso.
La existencia de estos lenguajes tiene una serie de consecuencias, entre ellas la hegemonía del idioma inglés, que por ser el idioma de un país (EUA) política y económicamente hegemónico se ha convertido en el idioma predominante en América latina para publicar en revistas científicas. Problema que para Emilia Ferreiro deriva en un “Imperialismo gráfico”.[7] Y que para nosotros, como ciudadanos y/o como profesionales, nos afecta porque no sólo se trata de conocer o dominar un idioma (inglés), sino que se requiere de una formación específica para poder acceder a él, a saber: perfeccionamiento de las capacidades de lectura en texto impreso, conocimientos de computación, dominio de la Internet y de la World Wide Web (incluye el uso de motores de búsqueda: Google, Yahoo, Altavista… y la manipulación de innumerables bases de datos), capacidades de exploración combinando las herramientas de lectura impresa con la digital, por una parte: interpretar y valorar signos, símbolos, imágenes, sonidos y palabras, y por otra tener la destreza para leer entre líneas, codificar y seleccionar información y juzgar su autenticidad (impresa o digital), conocimiento de otros idiomas…[8]
III. Lectura y lectores ante el universo de la información digital.El universo digital ofrece un mundo de información que parece infinito, como lectores y también como ciber-lectores tenemos la posibilidad de acceder a “toda” la información que se produce a nivel mundial (en formato electrónico) desde cualquier lugar, pero ¿necesitamos toda esa información?, ¿realmente el ciber-lector es un ser tan voraz? Lo cierto es que los lectores leen por diversos motivos y con diferentes objetivos. Hay quien lee para aprender conocimientos y saberes, técnicas y prácticas, pero también para entretenerse, sin importarle las técnicas o las normas de lectura. Esto implica que no sólo leemos libros, sino también revistas, folletos, artículos, periódicos, almanaques, enciclopedias, vayamos más lejos, leemos carteles, inscripciones y los enormes carteles publicitarios que además de texto nos inundan de imágenes. Y gracias a la red, hemos traspasado el universo físico de la lectura y ahora podemos introducirnos en un universo virtual donde podemos encontrar libros, revistas, periódicos… carteles, publicidad, sonidos e imágenes que en el mundo real a veces pasan desapercibidos, pero que en universo virtual/digital resultan fundamentales. Y así, de pronto, algunos de nosotros nos hemos convertido en analfabetas digitales, porque para leer en la red debemos reaprender a estructurar, des-estructurar y re-estructurar el universo informativo. Necesitamos acondicionar las estructuras mentales con que hemos aprendido a leer y adaptarlas a nuevo universo.
No sólo eso, estamos ante un universo de información que nos rebasa, los textos escritos que se ofrecen a través de la red superan la capacidad del lector (usuario/bibliotecólogo), problema que tampoco es nuevo. Ya en 1935 el filósofo español Ortega y Gasset había reflexionado en torno a tres conflictos en torno al libro:
  • ¡Hay demasiados libros!
  • No hay una regulación en torno a la producción de libros.
  • Se lee pero no se piensa.
Y antes que él otros pensadores se habían dado cuenta del peligro que implicaba la creciente producción de material (“ayer”) impreso, así en el siglo XVIII se hablaba de “malas lecturas y malos lectores” y de los “peligros de la lectura”, tema que permaneció vigente en el siglo XIX donde seguían publicándose “malos libros”. El calificativo por sí mismo nos provoca un rechazo inmediato y nos hace pensar en una serie de intereses que a lo largo del tiempo han normado lo que es “bueno” y “malo”, sin embargo es un peligro latente. La lectura y la escritura nos permiten entender el mundo y, a veces, transformarlo, pero los libros “encierran” conocimientos que mal entendidos pueden resultar temibles; la literatura nos ofrece muchos ejemplos de ello, vg. Madam Bobary. Lo que nos remite a la necesidad de pensar lo que se lee y también, como proponía Ortega y Gasset, domar al libro, es decir, como bibliotecarios:
  • Ser mucho más que un Administrador de libros.
  • Dirigir al lector no especializado por la selva selvaggia de los libros.
  • Ser un filtro entre el torrente de libros y el hombre.
Tarea que requiere, como indicaba líneas arriba, una transformación personal, cultural y organizacional, así como la constante actualización. Y como analistas procurar ir más allá de las normas, etiquetas y parámetros técnicos, ser lectores críticos y no sólo técnicos.
Pero volvamos al problema de la sobreabundancia de información que hoy más que nunca se ha vuelto un dolor de cabeza no sólo para el bibliotecólogo especializado que tiene la misión de organizarla y suministrarla, entre otras muchas funciones. La imprenta de Gutemberg mantuvo las características esenciales del libro, las transformaciones que provocó en el ámbito de la lectura llevaron de la lectura en voz alta, teatralizada para una comunidad, a una lectura solitaria silenciosa y visual donde las imágenes podo a poco fueron pasando a segundo término y con ello la lectura de imágenes se fue olvidando. En cuanto al libro, éste se mantuvo como un objeto diferente de otros objetos de la cultura escrita; como una obra intelectual o estética, dotado de una identidad y una coherencia asignado a su autor.
Pero ahora estamos ante una revolución digital que ha transformado los soportes de escritura, las técnicas de reproducción y la manera de comunicar y leer. Esto significa que se ha roto la relación texto-objeto, el discurso y su materialidad y ello nos obliga a leer de otra manera, de forma discontinua, fragmentaria, donde no se perciben los límites ni la coherencia del texto.
De acuerdo con Roger Chartier el texto electrónico ha trastocado:
  • El orden del discurso, ya que el texto electrónico ofrece una nueva técnica para la inscripción y la difusión de la palabra escrita, que inspira una nueva relación con los textos e impone una nueva forma de organización de los mismos.
  • El orden de razonamiento, en tanto que la manera como se organiza una discusión y el criterio que un lector puede emplear para estar de acuerdo o en desacuerdo con él ya no implica la presencia de un pacto de confianza entre el autor y el lector (notas, referencias, citas), ni se precisa de una textualidad lineal y/o deductiva, la palabra digital lo lleva mantener un dialogo abierto con el texto, donde la conexión hipertextual; y la validación o refutación se lleva a cabo siempre y cuando los textos sean accesible en línea.
  • El orden de la propiedad, que en sentido jurídico se relaciona con la propiedad literaria o de los derechos de autor. Y en sentido textual, con las características propias de cada texto escrito o género. Recordemos que en un texto impreso el lector puede añadir su escritura sólo dentro de los espacios en blanco de la escritura o la composición tipográfica, y su intervención queda confinada al objeto Libro. Mientras que un texto electrónico es maleable y abierto, en él el lector puede intervenir en el propio texto, en el contenido mismo por: eliminación, reducción, adición o remodelación de unidades textuales.
La presencia de hipertexto rompe la unidad pero también, al lector incauto, lo hace presa fácil del engaño, es decir, de poner en sus manos material falso, discursos poco fiables. Problema que, ciertamente, también se pude presentar con el material impreso, pero en el mundo de la Internet resulta más complicado discernir su confiabilidad. Es por ello que hoy más que nunca se hace necesario tomar conciencia de la importancia de los bibliotecólogos y nuestro papel transformador dentro de este gran universo de la información que se ha vuelto un problema en tanto que día a día se agrega nueva información, se puede agregar y acceder a la misma desde cualquier lugar y sin ningún control y se hace mucho más fácil apropiarse de la misma sin necesidad de leerla, es decir, de pensarla, de apropiárnosla.
No es tarea del analista documental formar lectores, pero si la de formarse a sí mismo como lector, recuperar su formación humanística para poder insertarse en un universo que incorpora imágenes (como parte del texto o que en sí mismas son el “texto”), sonidos, movimiento, hipertexto, ir más allá de la técnica para enfrentarse a un espacio que por momentos amenaza con dejarnos fuera, que como serpiente encanta a los usuarios y nos hace ver como los viejos censores de la información, como carceleros de la misma. El analista y el bibliotecario en general tiene la oportunidad de integrar este universo, saltar las barreras geográficas e institucionales y convertirse en verdaderos especialistas de la información para desde el espacio de la biblioteca mantengan un intercambio continuo y de alto nivel de información de calidad, confiable y útil tanto para los usuarios de una biblioteca, que buscan información con fines formativos y de conocimiento, como para los cibernautas que buscan información, incluso la misma información, con otros fines.


[1] Coiro, Julie, “Comprensión de lectura en Internet: ampliando lo que entendemos por comprensión de lectura para incluir las nuevas competencias”. Eduteka, 2003. En línea: http://www.eduteka.org/ComprensionLecturaInternet.php
[2] Dulzaides Iglesias, María E., Molina Gómez, Ana M., “Análisis documental y de información: dos componentes de un mismo proceso”. ACIMED, Vol. 12, No. 2, marzo-abril 2004. En línea: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1024-94352004000200011&lng=es&nrm=iso&tlng=es
[3] Jamet, Éric, Lectura y éxito escolar, Buenos Aires, FCE, 2006.
[4] García Madruga, Juan A., Lectura y conocimiento, España, Paidós, 2006, p. 15.
[5] El abad Johannes Trithemius, “escribió un libro, impreso en 1492, De laude scriptorum (En alabanza de los escribas), que elogiaba la vieja tecnología. Años más tarde, en una crónica del monasterio de Hirsau (1515), él mismo elogiaba la imprenta, <<ese maravilloso y nunca antes visto arte de imprimir libros>>. O’Donnell, James, Avatares de la palabra. Del papiro al ciberespacio, España, Paidós, 2000, p. 84.
[6]Chartier, Roger, “Languages, Books, and Reading from the Printed Word to the Digital Text”, The University of Chicago Press, Critical Inquiry, Vol. 31, No. 1, 2004, pp. 133-152. En línea: http://www.jstor.org/stable/10.1086/427305 .
[7] Consultar: Ferreiro Emilia, “Pasado y futuro del verbo leer”, ponencia presentada en el Segundo Congreso Interamericano de Editores, México, 27 de septiembre de 1997. Secretaría de Educación Pública. Primer Taller de Actualización sobre el Programa de Estudios 2006. Español. Antología. México, SEP, 2006, pp. 7-16. En línea: http://telesecundaria.setab.gob.mx/pdf/espanol/Espanol_Antologia06.pdf o su libro: Pasado y presente de los verbos leer y escribir, México, SEP_FCE, 2001.
[8] López García, Juan Carlos, “La integración de las TIC en competencias ciudadanas”, Eduteka, 25 de septiembre de 2004. En línea: http://www.eduteka.org/Editorial20.php y “Herramientas de las TIC que contribuyen a formar para la ciudadanía”, Eduteka, 2 de octubre de 2004. En línea: http://www.eduteka.org/FormacionCiudadana.php


Bibliografía sugerida:


  1. Alain Resnais, Toute la mémoire du monde, Francia, 1956. En línea: http://www.youtube.com/watch?v=HJQoiSPauFU
  2. Alckmar, L. S. (2008) Texto digital e reconfiguração do leitor. Z Ensaios, , IV (2). Brasil. [online]. http://revistazcultural.pacc.ufrj.br/texto-digital-e-reconfiguracao-do-leitor-de-alckmar-luiz-dos-santos/
  3. Copeland, M. V. Lectura electrónica: ¿el fin del papel?. CNN Expansión. (2009, 5 de marzo.). [online] http://www.cnnexpansion.com/tecnologia/2009/03/04/lectura-electronica-el-fin-del-papel

  4. Darnton, R. The New Age of the Book. New York Review of Books, (1999, 18 de marzo). New York. http://www.nybooks.com/articles/archives/1999/mar/18/the-new-age-of-the-book/?pagination=false
  5. Elkin-Koren, N. The Changing Nature of Books and the Uneasy Case for Copyright (August 13, 2011). The George Washington Law Review, 79(101). [online] http://ssrn.com/abstract=1909176
  6. Millán, J. A. (2008). Los modos de la lectura digital. Informe: La lectura en España. Leer para aprender. Madrid. Fundación Germán Sánchez Ruipérez. [online] http://www.lalectura.es/2008/millan.pdf
  7. Morales, O. Espinoza N. (2003). Lectura y escritura, coexistencia entre lo impreso y lo electrónico. , Educere, [online]. 7. http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=35602211


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